La publicidad política primero

on viernes, 11 de septiembre de 2009

El GDF, los gobiernos delegacionales, y todos los partidos políticos por igual, están ahora más interesados en mantener el gasto que les sea más rentable en términos de simpatía electoral, entre diferentes sectores sociales (empresarios inmobiliarios y constructores, empresas automotrices, sectores de ingresos medios y altos, población sin cultura política), que en prever políticas anticrisis que no sólo frenen o mitiguen la caída de la economía, el empleo y el salario de las mayorías, sino que preparen a la ciudad y el país para una recuperación que implique un cambio estructural con sentido social y popular, con empleo suficiente, estable y bien remunerado.

Así, por ejemplo, pensaríamos que una política coherente sería concentrar el gasto en la inversión en educación y salud, que mejoran la calificación de la fuerza laboral; en el transporte colectivo (Metro, Metrobús, trolebuses y tranvía), que reducen la pérdida de horas laborales y eleva la productividad; a la construcción y mejoramiento de la vivienda popular y la infraestructura de sus barrios; y en los estímulos e incentivos para las pequeñas y medianas empresas, que serán, como en todas las crisis, las víctimas predilectas de la recesión, y que son las que más contribuyen a la generación de empleo.

La inversión en infraestructura y equipamiento en estos rubros también genera empleo, pero además crea condiciones para el mejoramiento de los componentes sociales de la productividad y no sólo metros cuadrados para vivienda y oficinas de lujo o para rodamiento de vehículos individuales.

Otro ejemplo inexplicable: llama la atención que a nivel federal, se hable de profundizar las reformas neoliberales estructurales, para superar la crisis, cuando en el mundo entero se oyen las voces, aún entre mandatarios de los países hegemónicos, sobre la necesidad de “cambiar el funcionamiento del capitalismo” pues su modelo neoliberal y desregulado es uno de los componentes fundamentales de la profunda crisis. ¿Parece muy contradictorio verdad?

Hemos visto en los últimos días que la cercanía del proceso electoral ha llevado al GDF a aumentar el número y la longitud de las pintas de bardas con leyendas relacionadas con el “cumplimiento” de sus promesas, las cuales se financian con el presupuesto público y, por tanto, con nuestros impuestos. La crisis no parece modificar el destino del gasto hacia la publicidad electorera. Seguramente los partidos que no son gobierno en la capital harán lo mismo con sus jugosas partidas presupuestales que no se han visto mermadas por la crisis.

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