Entre la sinrazón y el olvido

on viernes, 9 de octubre de 2009

Soy hombre: duro poco y es enorme la noche", Octavio paz.

1.- Perdido en el rumor de la fiesta, el PAN festeja sus 70 años de existencia.

2.- Sordo al trajín de la historia –de la auténtica historia, ésa que transcurre a tropiezos y se expresa en minucias–, contradictoriamente, el PAN incurre en un olvido memorable: Carlos Enrique Castillo Peraza, otrora líder del PAN, filósofo, escritor, periodista, político e ideólogo del partido, murió en Bonn, Alemania, un 9 de septiembre

3.- Vale la pena preguntarse si éste es un olvido verdadero o una especie de renuncia y por qué el festejo sustituye al duelo, sin siquiera un instante para la plegaria, la meditación o el homenaje. Sin espacio para la memoria y gratitud –así llamó Carlos a su colaboración publicada en El Universal el 4 de julio de 2000– .

4.- Porque Carlos Castillo Peraza no sólo fue un hombre brillante con una inteligencia lúcida e implacable. No fue sólo el candidato de afilada lengua ni la mezcla de filósofo y gobernante por la que clamaba Platón, fue también y ante todo: un hombre; un hombre del PAN, un hombre de la Iglesia, un hombre de letras, un hombre de su tiempo; un hombre de acción y de reflexión.

5.- Castillo Peraza no se conformó –y ni siquiera lo intentó– con reciclar el discurso de los fundadores. Consciente o inconscientemente, decidió erigirse, él mismo, en fundador. Asumió el reto de refundar al PAN; de adecuarlo a los tiempos que le tocó vivir, de despojarlo de las citas estériles, de las palabras vacías, de los conceptos inútiles.

6.- Carlos Castillo se esforzó por darle sentido a la oposición panista y de brindarle cause y rumbo a su quehacer público como fuerza de Gobierno. Alguna vez, escribió: "El PAN renunció a hacer de la oposición su esencia, y asumió con todas sus consecuencias la decisión de ser plenamente Partido Político. Así ha ido avanzando en la consecución de votos y, por medio de éstos, de espacios de poder" .

7.- En suma, Carlos Castillo Peraza creía que en el ámbito político era necesario innovar; la política, textualmente la entendía como el primer bien público, como obra y acción, no sólo como intención y potencia: "Los panistas, por nuestra parte, habíamos sido enseñados a pensar que nuestra tarea era ‘brega de eternidad’, pero algunos comenzamos a recordar que Thomas Merton (...) había dicho que poner la esperanza únicamente en un futuro indeterminado, sin ser capaces de encarnarla y concretarla en ‘cada hoy’ no era de cristianos; que no merece este nombre quien se desespera tanto del presente que sólo confía en el porvenir".

8.- Y más delante se pregunta: "¿Estaría el PAN condenado a ser para siempre oposición? ¿No era esto condenarse (...) a una patria suave en la que había que ser eternamente fieles a nuestro ‘espejo diario’? ¿Era imposible un cambio? ¿La realidad política mexicana tenía que ser estática y muda? La utopía no podía ser más que expresión de potencias condenadas a nunca llegar a actos, de esencias por todas partes y existencias en ninguna, de sueños perfectos y metódicos, de una razón incapaz de relacionarse con la realidad, y por tanto, razón derrotada?" .

9.- Carlos Castillo Peraza, pues, condenaba la utopía irrealizable, los sueños perfectos e impotentes y la razón derrotada.

10.- Hoy, a escasos nueve años de su muerte, se cierne sobre el panismo un mutismo desolador, amenazante, quebrado apenas por las valerosas palabras de otro ex-líder del PAN nacional: "Las prácticas de corrupción, impunidad, represión, fraudes electorales, campañas sucias, imposiciones y otros vicios que caracterizan al Partido Acción Nacional (PAN) y sus gobiernos, sólo se explican por el abandono del ejercicio congruente de la política y por la consolidación de un pragmatismo extremo" .

11.- No creo que éste sea tiempo para silencios u olvidos ni para condenas fulminantes por la diferencia de pareceres, opiniones o convicciones. Menos, cuando dichas condenas provienen de quien –o quienes– carecen de las virtudes necesarias para erigirse en árbitros o en líderes en la cabal acepción de los términos.

12.- Los tiempos lo reclaman. No es suficiente el discurso jubiloso e hipócrita. Son necesarias la discusión e incluso la confrontación. No obstante, el verdadero debate (no los ejercicios dialécticos simulados), el debate de las ideas, no renuncia a ninguna; las pide, las cobija, las alienta; no prescinde de noción o concepto alguno, por el contrario, los procura; busca la voz del adversario como un camino alterno y necesario para arribar a la verdad. (Esa planicie que debe ser construida por todos, no sólo por los que detentan el poder, los que creen detentarlo o los que, mareados por su olor o corrompidos hasta la médula, se sirven de él hasta desangrarlo).

13.- Sirvan estas breves líneas para traer a la memoria, para recodarlo en la hora de su muerte, a él: a Carlos Castillo Peraza. Destinado, como todos nosotros, a durar poco; y predestinado, como un grupo muy reducido de hombres y mujeres, a alumbrar la noche con su palabra.

14.- Sirvan también para festejar modestamente los 70 años del PAN. Que ésta sea la única forma de participar en la celebración hasta que caiga el velo y la plata y el azur de nuestras insignias vuelvan a fulgurar con la intensidad y la pureza de antaño. Que así sea.

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